Un puzzle, un rompecabezas... son juegos con los que estamos familiarizados desde pequeños. ¿Lo recordáis? Los primeros eran encajes sencillos de colores, después vinieron los moldes con figuritas y a medida que crecíamos el número de piezas se multiplicaban exponencialmente.
Es una buena imagen de la vida. Cada uno de nosotros somos elementos que deben encajar si queremos resolver las situaciones que nos toca vivir. Primero tenemos a nuestro alrededor pocas piezas: los padres, los abuelos, los hermanos... Después la cosa se ensancha con los amigos, conocidos, compañeros, maestros y toda la gente con quien nos topamos en el día a día... Y no es fácil encontrar el lugar exacto a la primera. Tendremos que limar asperezas, recortar, ceder, consensuar, dialogar... Todas las piezas cuentan; todas deben ocupar su lugar y no vale dejar agujeros porque es el conjunto quien recibe las consecuencias.
Convivir es una oportunidad maravillosa para crecer, humanizarnos e ir construyendo todos juntos un mundo mejor.